Mama Tungurahua visto de Illuchi Alto en el norte.
Baños, puerta a la selva tropical, al pie del volcán Tungurahua.
La subida al Refugio es húmeda pero hermosa.
En el Refugio abandonado. Mama Tungurahua en rabia.
La subida a la cumbre es fácil de encontrar: Mira siempre a la punta del cono y al humo. Ninguna otra persona se encuentra aquí ahorita. Caminar en las cenizas nuevas es fatigante. El color negro del cono es engañoso: Cerca de la cumbre debajo de las las cenizas se encuentra blanca nieve. Solamente directamente en el cráter el calor volcanico es sensible y tan fuerte que todo el hielo se ha deshelado lejos.
Directamente al cráter solamente humo y más humo. Los ojos arden, los pelos se me ponen de punta, la arena cruje entre los dientes y respirar es posible solamente, si el viento está favorable. Repetidas veces explosiones en el cráter y el ruido siguiente de las piedras cayendo a dentro. Si las explosiones llegan a ser tan fuertes que las piedras están lanzadas más allá afuera del crater, es la hora de dirigirse hacia el valle. Contrariamente a la subida, el descenso no es completamente obvia. Uno debe tener una mirada detrás en varias ocasiones durante la subida, dejar posiblemente algunas marcas.
Al mismo tiempo hacia el este se ábra un panorama fantástico de los bosques del Amazon aparentemente sin fin. Más adelante otra vez, abajo en Baños, algunos turístas que pasan torcían sus narices percibiendo mi olor extraño.
La narración Inka de Mama Tungurahua y su vecino fuertemente erosionado El Altar es la siguiente: Taita Chimborazo y Mama Tungurahua fueron casado, pero mama Tungurahua comenzaba a flirtear con su vecino estrellazo EL Altar. Taita Chimborazo una vez pulsó airadamente con su puño en El Altar, de tal modo que esto cayó aparte totalmente. Desde entonces Mama Tungurahua, en rabia sobre la humillación de su amante, escupe fuma y enciende...
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